Soñó con el bronce
pero acabó en el fango

América despacio se va curando sus propias heridas y eliminando el sedimento ignominioso de la vergüenza que la tiñó tantos años. Hoy ha caído otro bastión, quizás el último, de una ideología mesiánica que amparada en la doctrina del terror, sólo consiguió dividir a los hermanos, diezmar a los pueblos y congelar durante más de dos décadas la evolución lógica y natural de las ideas.
Se ha ido el asesino y el traidor; el ladrón y estafador; el que soñó con el bronce pero acabó en el fango. El que no tuvo piedad con sus propios hermanos y los asesinó por las dudas, porque “muerto el perro se acabó la rabia”, como le dijo en una oportunidad a otro general. El traidor que traicionó a las instituciones chilenas a las que había jurado fidelidad y el ladino que no tuvo empacho en espiar para Inglaterra durante la Guerra de Malvinas mientras se llenaba la boca hablando de América. El ladrón que saqueó a cara descubierta a quienes masacró y el estafador que jurando defender a Chile se embolsó paulatinamente parte del patrimonio y las riquezas de su gente.
¿Cómo puede alguien en su sano juicio, llorar la muerte de tan nefasto personaje?
Duele que él tenga derecho al funeral que le privó a sus víctimas, pero tampoco cabe celebrar su muerte como si de un triunfo se tratara. El verdadero triunfo del pueblo chileno, el que lo sufrió en carne propia, es saber que se ha hecho justicia y que ya no habrá Mausoleo ni eternidad histórica y que en poco tiempo habrá una condena póstuma que va a reemplazar todo el falso reconocimiento que su mente pervertida le hizo imaginar.
El verdadero triunfo del pueblo Chileno es mirar el cielo hacia los Andes, apretar los puños y contener la emoción en silencio, con la certeza de que tal vez sea Víctor Jara quien lo reciba en la antesala del infierno, con su guitarra en la mano y le cante “Vientos del pueblo”.
(Letra de la Canción) De nuevo quieren mancha rmi tierra con sangre obrera, los que hablan de libertad y tienen las manos negras, los que quieren dividir a la madre de sus hijos y quieren reconstruir la cruz que arrastrara Cristo. Quieren ocultar la infamia que legaron desde siglos pero el color de asesinos no borrarán de su cara. Ya fueron miles y miles los que entregaron su sangre y en caudales generosos multiplicaron los panes. Ahora quiero vivir,j unto a mi hijo y mi hermano ,la primavera que todos vamos construyendo a diario. No me asusta la amenaza, patrones de la miseria. La estrella de la esperanza continuará siendo nuestra. Vientos del pueblo me llaman ,vientos del pueblo me llevan. Me esparcen el corazón y me aventan la garganta. Así cantará el poeta, mientras el alma me suene, por los caminos del pueblo, desde ahora y para siempre.