lunes, diciembre 08, 2008

Entre Francis Cabrel y Yo

Crónica de una noche inolvidable




Los días pequeños, enemistados con el sol, se pavonean con la niebla, la lluvia, el viento y el frío, formando una pandilla dispuesta a mostrar su rigurosa y bien ganada fama. El otoño presenta sus mejores credenciales mientras la tierra reverdece y huele a humedad en la parte más oriental del Cantábrico Español donde el golfo de Vizcaya recibe las aguas del río Bidasoa.
Es el sábado 29 de noviembre y cerca del mediodía cruzo la frontera para entrar en territorio francés. Voy a Pau, capital de la región de los Pirineos Atlánticos, a encontrarme con un amigo y otras cuatro personas que no conozco. Todos somos fans de Francis Cabrel y vamos a compartir un show que dará por la noche, en el Palacio de los Deportes.
A las ocho las gradas están colmadas. Nuestra larga espera de más de dos horas al raso para ser de los primeros en entrar tiene su recompensa: estamos en primera fila.
Resulta que Cabrel lleva más de tres décadas subiendo a los escenarios, pero yo hace apenas seis años que lo conozco. Siento algo de frustración por este hecho aunque estoy dispuesto a tratar de recuperar el tiempo perdido. Hay en mi una enorme ansiedad que me abandona ni bien se apagan las luces y la banda irrumpe en el escenario. Francis Cabrel es un hombre flaco y alto, con cara de bueno y una voz tan particular como el estilo de su música. Carece totalmente de los estereotipos que, un divo de su talla, podría ostentar sin reparos. En el escenario es uno más de la banda y hace flamear continuamente su complicidad con el resto de los músicos. Este hombre tímido en su vida de todos los días, se agiganta cuando intuye q ue en la oscuridad que se extiende más allá de su guitarra, hay miles de corazones acelerados por la efecto narcótico provocado por su música y poesía.
Cabrel y los músicos se transforman en una aplanadora que condensa el mundo en el espacio exacto que cabe en el recinto. Son más de dos horas de un show que no decae jamás y que alcanza el pico máximo, en el último cuarto, cuando el bajista invita a la platea a acercarse al escenario y compartir así, las últimas canciones y los bises. La gente canta, baila y delira. El show se convierte en una encuentro íntimo entre el artista y su gente. Ambas partes intercambian vida y desearían que aquello no terminara jamás. La comunión ha tenido lugar. Para el final del concierto Cabrel regresa solo al escenario e interpreta “La quiero a morir”, su más grande éxito, acompañado apenas, por una pequeña guitarra que ejecuta él mismo.
Observo la gente que me rodea y veo lágrimas que caen por las mejillas de muchos. No puedo evitar emocionarme también, porque la emoción es contagiosa y además sabe muy bien. Es dulce y libera; es como la firma que certificará el recuerdo de esta noche inolvidable en mis hojas de memoria.

15 comentarios:

Susana dijo...

Sabias que es uno de mis músicos favoritos franceses? el y jacques brel..en fin que me hubiese encantado estar ahi...

Inés dijo...

Hola Doble visión,

me alegro que te gustase el concierto.

pero en realidad vine a decirte y utilizaré tus palabras que ..contagiosos son tus poemas, que emocionan, que contagian dulzura y liberan.

un beso

Bea dijo...

Todos los dias se aprende algo nuevo, o se escucha, no? Me gusto, voy a ver si investigo un poco. Me mandas unos mp3? Besos

Inés dijo...

Hola Marcelo Doble visión,

Hay un Premio en mi blog, esperándote, por favor tienes que pasar a recogerlo, espero que te guste mucho.

muchos besos poeta,

cynthia dijo...

Parece que con la musica.. no tenemos los mismos gusto.. jajaj

Pase a visitrte a dejarte un gran beso y cariños...

:( perdona por no hacerme eco de tu sentir.. igual mis alas le gustan revoloter por aqui...

Steki dijo...

Volviste!!!!!!!!!!
Y contagiando emociones, jaja.
A mí que no me cuesta nada!
Yo soy emotiva por naturaleza, con la música... ni te cuento y, con los animales... otro tanto, amén de la Naturaleza... bua... en fin, no sigo enumerando más.
Gracias por compartir.
Se te extrañó por aquí, che.
Te dejo porque me voy al aeropuerto pues está llegando mi hija desde Tarragona!
Ayyyyyyy, qué nervios que tengo.
Me desperté sola como a las 6 de la mañana y llega a las 6 de la tarde, jaja.
Un abrazo grande para ti, Marcelo.
BACI, STEKI.

Carlos dijo...

...ufff, Francis Cabrel, un clásico que adoro!

EL HIPPIE VIEJO dijo...

Me alegro por tu emoción que contagia MARCELO!

oye
¿sobrevivirás?
¿sobreviviremos?
¿resistirá nuestro cuore?
ufff...días llenos de adrenalina, no?
você me entiende, no?

Un abrazo

Adal

cynthia dijo...

Gracias por perdonarme.. jeje ;)

besotes cariños.

Ponch dijo...

siempre me gusta leerte, a veces es bueno comentarlo

beso!

Soñadora dijo...

Doble Visión Marcelo, venía a corresponder tu amable visita a mi blog y me encontré con este post que me ha remontado a la época en que estuve de amores con el que hoy es mi esposo, pues La quiero a morir , fue nuestra canción en esa época, hace 25 años.
Gracias por la remembranza.
Un abrazo

✈∂ZuL™ τσdσs lσs Dεяεcнσs яεsεяvαdσs cσρчяιgнτ dijo...

wwwwwwooowww QUE EXQUISITO escucharlo... y mas saber que a ti te gusta... es uno de mis favoritos... me encanta la de "LA AMO A MORIR" es genial... un abrazo desde mi cordillera y mas por estas fiestas!

Mar y Sol(a veces tenue y otras no) dijo...

Esa comunión que tan bien describes sólo se da cuando la conexión es muy fuerte... sólo algunos pocos artistas lo logran
Un abrazo!

Zebedeo dijo...

Pues aún así me llevas 6 años de ventaja. Yo la verdad sólo conozco la canción "la quiero a morir" y en una versión en español. Pero siempre es un placer aprender y ampliar mi espectro musical. La canción que estoy escuchando (mademoiselle l´adventure) me gusta.

Maria Cristina dijo...

que buen gusto musical y seguro que ver lo en concierto debe ser lo mejor, lo que alegro enormemente mi corazon fue recibir tu postal navideña. gracias por tu cariño y espero que la mia te llegue hasta reyes, abrazos enormes y feliz navidad para ti y los tuyos